El Wanapix logró una victoria de mucho peso en una de las canchas más complicadas y exigentes. El 2-4 definitivo es el fiel reflejo de un equipo con un alto grado de madurez competitiva, capaz de gestionar las emociones y los tiempos en un partido intenso, igualado y cargado de tensión de principio a fin.

El duelo comenzó con la UA Ceutí imponiendo su ley. Los locales salieron muy enchufados, imprimiendo un ritmo alto y exhibiendo una gran agresividad en cada disputa. Su atrevimiento encontró recompensa rápido: en el minuto 6, Álvaro Ruano sorprendió a la defensa visitante tras una buena acción colectiva para firmar el 1-0, haciendo justicia al despliegue físico caballa sobre el parqué.

Lejos de perder los nervios, el Wanapix tiró de paciencia y galones. Con un estricto orden defensivo y buena circulación de balón, los visitantes fueron equilibrando un choque que entró irremediablemente en una fase más táctica y de mucha fricción. Esta intensidad le pasó factura a la escuadra local, que se cargó pronto de faltas y vio cómo Javier Barranco era expulsado por doble amarilla. Este contratiempo dejó a los ceutíes tocados tanto anímica como numéricamente. Justo cuando parecía que el descanso llegaría con ventaja local, apareció Brasesco para asestar un golpe psicológico brutal, anotando el 1-1 en el minuto 19.

Efectividad visitante y saber sufrir

Tras el paso por vestuarios, el encuentro mantuvo la igualdad en el juego, pero el Wanapix dio un paso al frente demostrando por qué se llevaría los tres puntos: su letal efectividad. En apenas dos minutos, los visitantes dinamitaron el encuentro. Primero fue Miguel Lahoz en el 26, culminando una jugada ofensiva bien trabajada (1-2); poco después, en el 28, apareció Samu Freire para castigar un desajuste local con una rápida transición que suponía el 1-3.

A pesar de la losa, la UA Ceutí demostró orgullo y no bajó los brazos. Guilherme apretó el marcador en el minuto 31 (2-3), devolviendo la emoción a las gradas y volcando a su equipo en busca de la igualada. Para añadir más drama, las faltas acumuladas del Wanapix ponían aún más picante a los minutos finales.

En el momento de máxima tensión, con un Ceutí volcado al ataque, el cuadro visitante demostró saber sufrir. Gestionó a la perfección los espacios, congeló el ritmo cuando fue necesario y, con el reloj agonizando en el minuto 39, Óscar Andreu se erigió como verdugo para clavar el 2-4 definitivo.

Más allá del resultado, el partido deja una gran lectura para el Wanapix: en canchas tan complicadas no basta solo con jugar bien, hay que saber cuándo acelerar, cuándo resistir y, sobre todo, cuándo asestar el golpe definitivo.

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